De techos y fracasos.

Decidimos mostrar siempre lo más bonito, especialmente en este mundo tan visual y competitivo… y claro, se siente bien compartir los éxitos, los avances, pero esos no hubieran llegado sin antes unos cuantos fracasos.

Confieso que me paralizaba ante la idea de fracasar, tanto que me derrotaba antes de siquiera comenzar, todavía trabajo en eso pero he aprendido que los errores son un maravilloso regalo. Si, pueden ser desmoralizantes y sí pueden hacer que el ego se retuerza de dolor (al menos el mío) pero pasado eso, queda el aprendizaje. En una experiencia como la que estamos viviendo ahora, siendo primerizas, hemos cometido muchos errores, por suerte nada irremediable ni fatal. Todos nuestros muros están en pie, pero… recuerdan este techo que tan orgullosamente publicamos en nuestras redes sociales:

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Básicamente no sirve.

Resulta que un techo es de lo más importante y complicado en una construcción; especialmente si no eres un arquitecto o si lo que has aprendido de construcción ha sido de manuales y videos de youtube, tienes que saber bien lo que vas a hacer. Queríamos hacer algo ligero y lo más barato posible, aunque lo barato sale caro, dicen por ahí.

Un amigo nos mostró los techos recíprocos  y quedamos enamoradas. Al parecer es de lo más sencillo que puedes hacer si te estás iniciando en la bioconstrucción, ¿qué mejor?. Optamos por hacerlo de bambú; ligero y de la madera menos costosa. Felices, fuimos por él, nos hicieron el favor de cortarlo y transportarlo y entonces supimos que requiere todo un proceso de curación para asegurar su larga vida… primer error, primera lección. Nos encanta el bambú y la próxima vez lo compraremos ya tratado por expertos como bambufolia. En fin, lo curamos como pudimos con la conciencia de que probablemente en unos años tendríamos que cambiarlo; ahora después de unos 6 meses, fuera de un par de troncos que se rajaron, todavía están bastante bien, suerte de principiantes.

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Después de eso pasamos un mes, sin respiro, días completos tejiendo hojas de palma, comprometidas al punto de la obsesión; se veían hermosas, cada una que poníamos nos enamoraba. A veces parecía que no acabaríamos nunca pero poco a poco lo fuimos llenando hasta completarlo.

 

A la par, se fue poniendo triplay y cartón asfáltico, por no preguntar e irnos por lo más barato, compramos el triplay más delgado, ¡error! El segundo y la segunda lección, sigue en pie, pero de hacerlo de nuevo, escogeríamos uno un poco más grueso por seguridad.

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Ahora si, la verdadera tragedia de este techo. Desde un principio dejamos apenas el desnivel necesario para el agua (error!). En la época de lluvias lo cubrimos con un gran plástico mientras lo terminábamos; todo iba bien hasta que un huracán nos trajo tres días continuos de agua, mucha agua. Al centro del techo, el tragaluz abierto y cubierto con el plástico se hizo una gran bolsa de agua que con el peso bajó un poco toda la estructura; no fue mucho y el techo resistió pero fue lo suficiente para perder el poco desnivel que tenía.

El 25 de noviembre nos mudamos a ese cuarto, muy orgullosas de vivir en un lugar que construimos con nuestras manos y el 30 de noviembre a punto de que terminara la época de lluvias, nos cayó una inesperada y fuerte lluvia.

 

Era la madrugada, ya dormidas comenzamos a sentir una brisa en la cara y en pocos minutos esa brisa eran chorros de agua que entraban por varios puntos del techo. Con todas nuestras cosas en cajas ocupando gran parte del cuarto y con el piso todavía un poco fresco en el baño (esa es otra historia de fracasos y lecciones), sin saber por donde empezar a controlar los daños, cada hora se llenaban cubetas que había que sacar y volver corriendo a colocarlas. Reinó el caos. Al otro día con ganas de llorar hablamos con unos amigos que nos llevaron un gran plástico para cubrir todo el techo y resguardarnos de la lluvia. Por fin pudimos descansar un poco, totalmente desmoralizadas y en shock.

Han pasado tres meses, sin lluvias, seguimos viviendo bajo ese techo pero sabemos que lo tenemos que arreglar antes de las próximas lluvias. Fue una gran lección que nos llevó a pensar muy bien en el siguiente techo, que estamos a punto de poner (yeeiii! y que nervios) ahora con diferentes materiales y asesorías de arquitectos y otros bioconstructores.

Aprendimos que hay cosas que podemos hacer muy fácilmente y solas y otras que necesitamos estudiar más a fondo y apoyarnos de otros. Pensarlas mejor. Pedir ayuda. La bioconstrucción es maravillosa y puede ser realmente duradera pero hay que saber hacerla bien.

Le voy perdiendo el miedo al fracaso porque ahí está el progreso, el impulso para mejorar la siguiente vez.

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