El Güero Piedritas y otras coincidencias o Dios provee 

Por Alejandra.

Cuando se está en el lugar correcto,  en el momento correcto, la magia comienza.

Habíamos escuchado esto varias veces pero, ¿cómo saber cuándo es el momento correcto? Cuando se siente bien; cuando todo fluye, cuando no se fuerzan las cosas.

Era tiempo de comenzar a experimentar con el cob. Necesitábamos barro, paja y caca de caballo o de vaca.
Nos preguntábamos en donde podríamos encontrarlos. Lo primero fue ir a buscar a un Sr. que hace ladrillo para comprarle el barro. Buscándolo, equivocamos el camino y de pronto, en una calle de tierra, ahí estaba: ¡Un cerro de caca de caballo! Ahí comenzamos a comprender la frase “ Dios provee”.

 

Continuamos nuestra búsqueda y nos detuvimos a preguntar a unas personas sobre el barro y la paja. Uno de ellos nos señaló el terreno vecino en donde había una yegua y mucha paja regada por todos lados. Pueden llevársela, dijo; el dueño estará encantado de que limpien su terreno.
Acto seguido dimos por fin con quien hace ladrillos.
Teníamos todo para comenzar a construir el cuarto de cob.

Una de las cosas más útiles en todo tipo de construcción son las cubetas. No teníamos idea de donde conseguirlas, además de que me parecía absurdo tener que comprarlas cuando pienso que se tiran muchas después de usar su contenido.
Camino a la obra, de pronto nos percatamos de que en varias esquinas había cubetas, si, justo de esas que necesitábamos. Solo fue necesario abrir la puerta del carro y hacernos de algunas.

Cuando llegó el momento de construir la cisterna, surgió la necesidad de comprar una máquina revolvedora. Rentarla salía muy costoso, así que buscamos en internet y encontramos una usada a muy buen precio en Manzanillo, a una hora de aquí.  Ahora el reto era como traerla tomando en cuenta que tenemos un chevy.
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Al día siguiente fui a la ferretería y comenté que ya habíamos encontrado una y pregunté si sabían de alguien que nos la pudiera traer; en ese momento, un cliente que estaba cerca me dijo: Yo les ayudo a traerla en mi pick up; si quieren el próximo fin de semana vamos. Le pregunté cuanto nos cobraría, a lo que respondió: nada, solo prométeme que cuando ya no la usen, me la venden a mi.
Me dio su número de teléfono y me dijo, soy el Güero Piedritas.
No solo nos llevó a Manzanillo y llevo la revolvedora hasta nuestro terreno, sino que se paró a que compráramos lo que se nos fue antojando en el camino.
Como estos ejemplos nos han venido sucediendo todo tipo de encuentros y hallazgos maravillosos, incluso la casa en donde vivimos mientras construimos, nos fue ofrecida por una amiga para que cuidáramos a su perro durante 6 meses.

Cuando pensamos en todo esto nos damos cuenta de que la magia comenzó en el momento en que decidimos tomar este camino; dejamos de lado el temor a perder lo seguro y confiamos.
Ahora sabemos que ese día, al darnos la mano cerrando un trato, por fin habíamos encontrado nuestra misión de vida.

 

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